16 ene. 2014

Consecuencias

Consecuencias



-- ¡Busca el carro! - Gritó David con desesperación.

-- Ya es tarde... Él no podrá... - Le respondió su amigo.

-- ¡Callate y haz lo que te digo! - Gritó de nuevo, esta vez sacando el arma para apuntarle a su amigo mientras con el otro brazo sostenía el cuerpo de su hijo.

Félix dudó por un segundo observando el cañón de la pistola hasta que finalmente cedió y obedeciendo ordenes salió corriendo del lugar. David quedó en silencio.

-- Tranquilo nene, todo va a estar bien... No le hagas caso - Le dijo a su pequeño hijo quien se encontraba sangrando en sus brazos y con dos heridas de balas en su cuerpo. El pequeño de nueve años lentamente perdía la conciencia - No no no, Sebas, despierta, despierta, te tienes que mantener despierto con papi.

¿Cómo decirle a su hijo que todo estaría bien cuando las lágrimas luchaban por salir? En la sala del apartamento yacían tres cadáveres esparcidos por el suelo y Dániela, su mujer, se encontraba llorando desconsoladamente en una esquina, observando el cuerpo del desafortunado niño. ¿Cómo convencer al niño y así mismo que todo estaría bien con ese panorama?.

"Tranqulízate, concentrate. Félix ya viene con el auto, debes calmarte..." Se repetía una y otra vez David, pero en su mente sólo podía escuchar la voz de Vic, sus advertencias y consejos del pasado que, de haber escuchado, tal vez no tendría la sangre de su hijos en sus manos.

Es difícil precisar el comienzo de esta historia, una vida llena de malas decisiones no se puede resumir. Poco a poco nuestras decisiones son las que definen nuestro camino y son quienes marcarán nuestro pasado, presente y futuro. De esto se estaba dando cuenta David quien entre lágrimas y miedo no pudo hacer más que recordar.

Su verdadero nacimiento pudo haber iniciado a los 5 años, cuando presenció el arresto de su padre en su propia casa, un hogar humilde en un barrio humilde donde las calles no tenían asfalto, las casas pequeñas dejaban ver los ladrillos y techos de zinc, y donde ver arrestos y asesinatos era mas común que ver personas felices. Podía recordar a su madre llorando, los vecinos viendo por las ventanas en su mayoría señalando, y David simplemente confundido sin poder entender el porque ¿Por qué? ¿Por qué le quitaban a su padre? ¿A donde se lo llevaban? "¿Mami cuando vuelve papá?" preguntó durante años sin recibir respuesta. "Los policías son los buenos, ¿no? ¿Entonces por qué ignoran mis suplicas y alejan a papá?".

"Tu padre era un hombre bueno" Le dijo Vic una noche sentados en la azotea y observando las luces de las calles poco tiempo después.

-- ¿Mi papá era alguien bueno?... - Preguntó David.

-- Sí... Muy bueno...

-- ¡Mentiras! - Se abrazó las rodillas - Si papá fuera bueno no se lo hubieran llevado esos señores.

-- DD, debes entender que tu padre fue un hombre bueno. Un hombre bueno que tomó malas decisiones.

David guardó silencio sin saber que decir.

-- Cuando tomamos malas decisiones, no importa que tan bueno seamos, las consecuencia nos llegarán tarde o temprano. Hay personas que llaman a esto Karma, yo prefiero decir que es la ley de la vida.

-- ¿La ley de la vida? - Karma... Ley de vida... ¿Acaso la vida estaba llena de reglas? para David era ridículo

-- La ley de la vida pequeño, es muy simple: Al que hace el mal, el mal le llega.

-- Pero si un hombre es bueno... No debería hacer el mal, ni tomar malas decisiones - David ahora contaba las estrellas preguntándose si alguna le cumpliría su deseo.

-- No existen los hombres buenos, no completamente. Todos somos caprichosos, tercos, ambiciosos e incluso egoístas, por eso tomamos malas decisiones y hacemos el mal...

-- Pero mi papá...

-- Tu papá tomo malas decisiones e hizo el mal, ahora sólo está sufriendo las consecuencias...

-- Señor... ¿Usted también ha tomado malas decisiones?

-- Más de las que quisiera David, como todos - Dijo Vic finalizando la conversación y fumando tranquilamente su cigarrillo sabiendo que faltaba mucho para que aquel pequeño comprendiera.

Vic era el hermano de su madre, un hombre de 50 años con poco cabello y piel morena por todo el trabajo que realizaba bajo el sol; sus ojos pequeños y oscuros solían perderse en el vacío dando una imagen de tranquilidad, pero su gran altura y gruesos brazos indicaban que era alguien fuerte para su edad. Vic al ver el estado en que quedó la pequeña familia por el arresto del esposo, decidió que seria él quien debía hacerse cargo y tratar de seguir adelante. Tal vez lo hizo porque era un hombre solitario y añoraba una familia, o tal vez por la respuesta que le dio a David un día cuando este preguntó: "Tío ¿Por qué nos cuidas tú y no papá?" a lo que Vic respondió: "Porque tu papá no volverá, y si no los cuido yo, tu mamá tendrá que prostituirse y tú comenzar a robar". La razón, sea cual sea, fue acertada, pues el arresto afectó de sobremanera a la frágil madre de David: Dejaba de comer, lloraba por las noches y se hacía cada vez más solitaria olvidando que tenia un hijo que lo necesitaba.

Así creció David con una madre mas débil que él, una madre que debido a sus pocos cuidados vivía internada en un hospital esperando el día de su muerte. Vic a pesar de toda su ayuda nunca pudo reemplazar a su padre y realmente nunca quiso hacerlo, para él, la figura paterna nunca puede ser ocupada más que por el propio hombre que le da vida a un pequeño, y Vic estaba muy ocupado con sus 3 trabajos como para encargarse de algo más que las deudas del hogar. En toda esta soledad, David buscaba desesperadamente llenar aquel enorme vacío que se hacía más grande gracias a una madre cada día más pálida.

¿Cómo un niño encuentra cariño? Cuando los padres fallan los pequeños siempre buscan una nueva fuente de vida que les transmita calor y seguridad. Irónicamente para David, esa fuente fueron sus erróneas amistades.

A los 9 años inició su camino a la gloria junto con sus escapadas del colegio. Prefería pasar las tardes con sus amigos fumando en un pequeño parque a donde nadie se acercaba debido a su deplorable estado; los columpios estaban caídos al igual que las resbaladillas, y el resto de los juegos se encontraban ya oxidados y cubiertos por el musgo que indicaba el paso del tiempo. Un lugar patético, sí, pero perfecto para ellos. Tardes y noches enteras de risas con el aire impregnado del humo de los cigarrillos. Sus compañeros eran mayores que él, en su mayoría de dieciséis y diecisiete años, todos habían dejado la escuela hace ya mucho tiempo y David sabía que no tardaría mucho en hacer lo mismo.

A los once años se cumplió su predicción cuando las pequeñas escapadas ocasionales se convirtieron en faltas y finalmente decidió no asistir mas ¿Para qué ir? El tío Vic estaba demasiado ocupado para notarlo y mamá simplemente parecía no importarle. De hecho parecía no importarle si David comía o no, dormía o no, vivía o no ¿Entonces cómo iba importarle un estúpido colegio? El cielo de su barrio no es el mismo cielo del resto del mundo. Es un cielo sin estrellas, sin sueño ni esperanzas, un oscuro vació que arropa a todos los que viven bajo él. No existían las ambiciones de grandes carreras o lujosos trabajos, no para David quien nunca había conocido a alguien que haya logrado salir mediante estudios. Siguiendo este pensamiento finalmente abandonó la escuela.

Tres años transcurrieron y el pequeño David ya se sentía como un hombre. Después de haber dejado los estudios su vida había cambiado para mejor. Fue felicitado y admirado por su decisión de ganarse la vida a su manera, aunque nunca reveló quien era el hombre que en realidad pagaba las deudas. A sus catorce años había conseguido contactos por todo el barrio, conocía a cada persona y cada rincón del lugar que llamaba "su" barrio. Fue a esta cariñosa edad que inició su negocio.

Todo fue en una fiesta, eran más de media noche y el aire olía a alcohol y cigarro.

-- ¡Hey! ¡David! - Gritó Moisés indicándole que saliera

David obedeció, dejó su copa en una mesa y siguió a su amigo al estacionamiento. Ahí se reunió con Moisés, Ricardo, Jesús y Franco quienes se encontraban sentados en la acera con una botella en la mano y una pequeña bolsa escondida a un lado.

Aun desde afuera se podía escuchar la ruidosa música proveniente de la fiesta, el estacionamiento se alzaba hasta el final de la calle y estaba lleno de autos viejos o abandonados. Las pequeñas casas del otro lado de la calle estaban con las luces apagadas a excepción de una donde un anciano los observaba con recelo desde la ventana.

-- ¿Y ese viejo qué? - Pregunto David señalando la ventana - ¿Qué mierda le pasa?.

-- Olvidalo - Respondió Moisés restándole importancia - Siéntate y mira lo que tenemos.

David saludo a los presentes y se sentó con cierta dificultad de espaldas a un auto, mareado por todo lo que había bebido.

-- Mira esto DD - Moisés sostuvo en alto la pequeña bolsa en la que David se había fijado al llegar. Dentro se podían ver hierbas verdes.

-- ¿Para qué coño me traes espinacas? Como si no fuera suficiente con la basura de comida que me prepara mi tío.

-- No son espinacas idiota - Replicó Ricardo y bajando la voz añadió - Es Marihuana.

-- ¿La marica Juana?.

-- ¡Marihuana! - Gritó Franco y recibió un codazo por parte de Moisés.

-- Si quieres grítalo mas alto... David, ¿Quieres?.

-- No sé - Respondió sin quitarle la vista a la bolsa - Nunca me ha interesado mucho...

-- Prueba un poco - Insistió Moisés - Nos lo dió Hernan, el hermano de Katherine, dicen que esta mierda hace milagros.

-- ¿Siquiera la saben fumar? - Preguntó sosteniendo la bolsa,

-- No es una ciencia, Einstein - Respondió Ricardo - Es como fumar un cigarro. Lo enrollas un poquito y lo enciendes, mira aquí traigo un encendedor...

-- ¡Niños enfermos!

Todos miraron al frente menos David quien tuvo que voltearse, ahí estaba su tío Vic. Le había crecido el cabello y estaba desarreglado, su piel se había aclarado, usaba una bata vieja y parecía haber adelgazado varios kilos. David enfocó un poco más lo ojos y se dio cuenta de que no era su tío, sino el anciano que los observaba por la ventana quien ahora los miraba con reproche y asombro.

-- Largo de aquí viejo - Franco fue el primero en hablar, fingiendo valentía.

-- Debí suponerlo, escuché lo que decía el enano. Marihuana ¿Saben que es ilegal? Sí, sí lo saben, pero no les importa. Sólo son 5 niños idiotas que juegan a ser maduros.

Nadie respondió, los chicos se miraban unos a otros perplejos.

-- Niños incrédulos que piensan que todo en esta vida es diversión, van a saber lo que es bueno, lo van saber.

-- ¿A qué se refiere? - Preguntó David tratando de ver a solo uno de los 3 viejos parecían estar ante él.

-- Estoy aquí mocoso. Mi sobrino es policía y se pondrá muy feliz de encerrarlos.

"¡No!" gritaron 4 de los chicos al unisono con caras de miedo, Moisés fue el único en reaccionar y dar un paso adelante. Sacó una pistola de su camisa y apuntó al estomago del hombre.

-- ¡Usted no va a decir nada! - Le gritó al anciano quien no pudo evitar dar un paso atrás con cara de asombro

-- G-guarda eso niño...

-- ¡Callese!

Todos miraban la escena con la boca abierta, sobretodo David quien se encontraba entre maravillado y sorprendido por la valentía de su amigo.

-- ¿Donde conseguiste eso?... - Preguntó Ricardo.

-- Eso no importa - Se acercó al anciano apuntándolo con mayor fuerza - Pero no iré a prisión por culpa de este vejete

-- Niño... No hagas algo de lo que puedes arrepentirte... Por favor, no diré nada... - La voz del pobre hombre se doblaba en señal de suplica.

-- Ahora sí, miren como se asusta, viejo cagado. Que patético - El chico se volteó a ver sus amigos - Necesito que...

No término la frase, el anciano había saltado sobre el y le hizo soltar el arma con un manotazo. Agarró al niño por el cuello con fuerza tratando de estrangularlo, el arma había caído al suelo y el joven no podía defenderse

David veía la escena sin saber que hacer. Franco, Jesús y Ricardo huyeron en cuanto atacó el señor y los habían dejado solos. Como guiado por el diablo, David corrió hacia la pistola y la sostuvo en alto, su mano temblaba pero no por miedo, sino como efecto del licor y la emoción. Apuntó al anciano aún con la mano temblado, Moisés perdía fuerza y parecía a punto de desmayarse. El hombre al ver a David soltó al chico y fue hacia él, pero ya era tarde. Sonriendo había apretado el gatillo, la bala entró por el ojo y salió por la sien.

El pobre viejo se desplomó al instante y cayo al suelo salpicando  de sangre a David. Con la camisa manchada y los nervios a flor de piel, David mantenía la pistola firmemente agarrada y apuntaba al cadáver sin parpadear, apenas recordando respirar. Su dedo había jalado por mente propia el gatillo, o por lo menos eso pensó durante un segundo, pero la verdad es que lo había disfrutado. La adrenalina que recorría su cuerpo, la sensación de poder y control al tener el arma en mano era algo completamente nuevo pero que le había fascinado. Hubiera seguido disparando al cuerpo de no ser por Moisés quien se encontraba dando arcadas sentado en del suelo.

-- ¿Estás bien? No pareces respirar - Preguntó observando a su pálido amigo.

-- Sí... Sí... Estoy bien - Respondió Moisés recuperando el aliento - Maldito viejo, por poco me mata.

-- Sí... Por poco. De nada por cierto - Dijo con ironía.

-- Yo te salvé primero, estamos a mano. De no ser por mí ahora mismo estaríamos en una patrulla de policía. - dijo levantándose y viendo el cadáver.

-- Pero ahora tenemos un anciano con los sesos por el suelo. No creo que estemos mejor - Bajó el arma ahora un poco más calmado. Con la disminución de la adrenalina comenzaba a recuperar la razón. - Debemos irnos,  alguien pudo haber escuchado el disparo.

-- No podemos irnos aún, espera aquí, voy a buscar algo en la fiesta. Es probable que no se escuchara el sonido del disparo con todo el ruido, además esta zona está casi abandonada. - Dicho esto, Moisés se fue corriendo.

David que no estaba muy seguro de estar en peligro o no, se quitó la salpicada camisa y arrastró el cuerpo hasta uno de los carros abandonados, lo colocó de lado y lo rodó hasta dejarlo por debajo del auto. Moisés regreso con un enorme cuchillo en mano.

-- ¿Donde está? - Preguntó viendo a los lados

-- Lo deje debajo del auto, así no lo verán

-- Claro, y seguro que tampoco verán la mancha de sangre del suelo ¿Verdad? Sacalo de ahí idiota, tenemos trabajo que hacer.

-- ¿Para qué el cuchillo? Ya bastó con volarle la cabeza - Preguntó David mientras arrastraban parte del hombre fuera del auto.

-- El maldito casi me estrangula, deben de haber rastro de piel, ADN o una mierda así en sus manos, tenemos que cortarselas. - Moisés sostuvo las manos del anciano en alto - ¿Lo haces tu o lo hago yo?

-- Hazlo tú, esa mierda me da asco - David arrugó la cara mientras sostenía las manos

-- Sí eres marico - Moisés comenzó a cortar las manos del cadáver poco a poco. Debido a la tardanza decidieron que David debía vigilar mientras Moisés dejabas las manos en el suelo y les daba fuertes tajos con el cuchillo hasta que finalmente lo logró.

- ¿Ahora qué? - Preguntó David asqueado - ¿Las guardamos como recuerdo? Una para ti y una para mí.

Moisés rió del chiste.

- No, ahora nos las llevamos y las quemamos junto con tu camisa. Vamos a mi casa.

Y así enrollando las manos en la camisa de David y ocultándolas de todo ojo curioso, ambos chicos se alejaron del cadáver, no sin antes patearlo y reírse de lo bien que había resultado aquel primer crimen.

Esa noche después de quemar las manos en la cocina de Moisés, (Su madre se encontraba trabajando y su padre borracho y dormido en su cuarto) los chicos se despidieron acordando no contarle a nadie lo sucedido. David fue a su casa intentando inútilmente conciliar el sueño, pero le fue imposible. ¿Quien podía dormir después de una noche así? Era como si alcohol hubiera desaparecido de su sistema y fue reemplazo por satisfacción, diversión, adrenalina y vida. Sí, vida. Era extraño pero se había sentido mas vivo que nunca al apretar el gatillo. Era un sensación de poder y control que nunca había sentido. La mirada asustada del viejo, sus suplicas, todo lo hacia sentir el jefe. Sí, él era el jefe, él y nadie más. Con un arma en mano estaba por encima de todo y de todos. En una simple noche pudo vivir en carne propia lo que se siente el respeto infundado por el temor. Algo nuevo para él, algo que le encantó y que quería volver a sentir.

Y así disfrutó el placer de matar, sin si quiera sentir lastima o pena por aquel desafortunado anciano. De hecho si algo sintió, fue gratitud e incluso cariño, pues fue aquel hombre quien le enseño como tener poder, como ser superior.

Los siguientes días David compartió con Moisés más que ningún otro amigo. La noticia de la muerte del anciano no se hizo tan popular en el lugar, era de esperarse pues muertes como esa ocurren a diario en el barrio. Sin embargo, los rumores no estuvieron ausentes. Los conocidos del anciano y los jóvenes que se encontraban en la fiesta no pudieron evitar notar la ausencia repentina de ambos chicos. Aun así nadie dijo nada, nadie hizo nada, nadie investigó. David y Moisés disfrutaron de las miradas y sospechas que recibían como admiraciones y aplausos.

Pasadas las semanas David le confeso a Moisés todo lo que había sentido aquella noche al disparar, Moisés contento, decidió contarle a David la verdad. En lo mas profundo del barrio como negocio clandestino se practicaba el sicariato. El negocio era controlado por hombres mayores que habían pertenecido toda su vida al lugar y aprovechando los altos grados de delincuencia decidieron crear un negocio cuyos asesinatos podían disfrazar de crímenes comunes; robos, secuestros, etc. A los jóvenes como David de catorce años y Moisés de dieciséis, se les entregaba un arma y un objetivo, si era necesario se les especificaba el plan que debían seguir para cumplir con el trabajo, una vez finalizada la labor se les entregaba un porcentaje del dinero y se les retiraba el arma para evitar sospechas. Solo podían volver a presentarse cuando fueran llamados pare recibir un nuevo encargo.

David no dejó de sonreír al enterarse de tan interesante negocio. Para él era la vida perfecta. Ganaría respeto, temor, contactos y dinero haciendo lo que más disfruta ¿No es ése el sueño de todo hombre? Vivir de su arte, de su amor, mantenerse con el trabajo que disfruta.

No pasó mucho tiempo antes de que se uniera a su trabajo soñado. En sus inicios realizaba los asesinatos en compañía de Moisés y algunos otros compañeros que en su opinión estorbaban. Pero su reputación creció junto con su número de víctimas. Pasaron algunos años y no existía hombre o mujer que no conociera su nombre y profesión, pero pocos se atrevían a dirigirle la mirada y aún menos a retarlo. Con la policía comprada y el miedo infundado, aquel pequeño niño ahora convertido en hombre se sentía imparable, el rey del mundo, o por lo menos, de su barrio.

A sus dieciséis años embarazó a la primera chica. Una novia con la que salia desde hace meses pero de quien se estaba aburriendo. Con la llama apagada, David decidió dejarla justo antes de recibir la noticia la cual no le hizo gracia. Pensó en matarla, pero era innecesario. Aun sabiéndose poderoso no convenía desaparecer a alguien tan cercano y mucho menos en su estado. "Yo no voy a criar a ningún maldito niño. O lo abortas o te mueres" Le dijo a la pobre chica ignorando sus lágrimas y el miedo en sus ojos. La besó sintiendo sus labios fríos y húmedos con los suyos. "Esto también es por tu bien" Le susurró y se fue. Al día siguiente la joven se había marchado a otro estado ¿Cuál? a David no le importó, lo importante era que ya no tendría a ningún bastardo molestando.

El único pequeño rastro que podía existir de aquel pequeño y asustado niño que extrañaba a sus padres era Vic, con quien aun se reunía en la azotea de su casa.

Su casa ubicada en lo mas alto del barrio poseía una gran vista del barrio en general, se vislumbraba a la perfección las luces de las pequeñas casas repartidas una sobre otra. Las luces las hacían parecer estrellas en la tierra cada noche. Un poco más al norte estaba la autopista y al otro lado la playa. David y Vic se reunían  en las noches cada cierto tiempo, a veces después de pocos días y otras veces después de meses. Sin importar el tiempo transcurrido, la rutina de subir al techo y beber disfrutando el paisaje no variaba. Usualmente a un lado de las sillas habían periódicos acumulados que Vic había leído.

-- Ayer estuve leyendo el periódico... - Dijo Vic, pocas veces hablaba, pues normalmente se dedicaban a beber en silencio.

-- Te felicito - Burló David.

-- Dejame terminar. Estuve leyendo la noticia de un hombre al que asesinaron no muy lejos de aquí, en Carita creo. Lo mataron cuando regresaba a su auto después de comprar algo en un kiosco.

-- No es mi zona, no tengo nada que ver con eso, si es lo que insinúas. - Dijo bebiendo de su cerveza.

Vic conocía muy bien el trabajo de David.

-- En la parte de atrás del auto estaba su hijo de 3 años... Recibió 2 disparos en la cabeza - Vic no apartaba la vista del paisaje, parecía querer perderse con el viento.

-- ¿Qué tiene eso que ver conmigo? - Preguntó David.

-- ¿Todo tiene que ser sobre ti? - Lo atajó Vic.

-- Por algo me lo dirás - Respondió aburrido.

-- Te lo digo imbécil - Molesto, Vic dejó su ceveza a un lado - Porque aunque no hayas sido tú, los hombres que lo hicieron son iguales a ti. Bastardos infelices que matan por dinero.

-- ¿Y? - Preguntó David despreocupado - Tal vez aquel hombre se lo merecía.

-- ¿No te das cuenta verdad? - Ahora observaba molesto a David - Tal vez sí, ¿Pero importa que se lo merezca o no? ¿Su hijo de 3 años también merecía la muerte? Pero no piensas en eso, no te das cuenta que eso podría sucederte a ti.

-- Cierra la boca anciano, al contrario de él, yo tengo el control en lo que hago - Dio un sorbo pensando que la conversación terminaría

-- ¿Cómo puedes ser tan ingenuo? ¿Cuanta gente has matado ya? ¿Que hay de aquella chica a la que amenazaste? Has hecho tanto daño... Hay tanta gente que ha llorado por tu culpa ¿Y crees que se va a quedar así? La ley de...

-- Sí sí "La ley de la vida" - lo interrumpió - Escucha viejo, tu concepto de la vida esta equivocado. En la vida no existen las consecuencias, solo existen los resultados. Siempre has sido inteligente Vic, así que conocerás la diferencia. Si trabajas bien recibes dinero, es tan sencillo como frío. Todo lo que he hecho, lo hice como un simple trabajo. Así que no gastes saliva diciéndome que habrá consecuencias y cosas así.

Vic lo observó por unos segundos antes de levantarse y pararse frente a él.

-- De niño eras mas inteligente. De niño parecías entender que esta vida va mas allá de simplemente actuar sin pensar. Las consecuencias existen y tu padre es la prueba de eso

-- Mi padre fue un idiota...

-- ¡Al igual que tú! - Le derramó la cerveza en la camisa a David

-- ¡Viejo hijo de...! -- Gritó David levantándose.

-- ¡Tu padre fue un idiota que pensó que podía pasar y burlarse de todo los demás! ¡Tuvo suerte de ir preso! ¡Y tu vas por su mismo camino!

-- ¡Callate! - Gritó de nuevo

-- ¿¡No entiendes que las consecuencias no solo te llegan a ti!? ¡También afectan a los demás! ¡Como a ese pobre niño y a la hija de Alejandra!

-- ¿¡Quien coño es la hija de Alejandra!? - David se quitaba la camisa al gritar

-- ¡Hace dos días su hija, Danna, estaba llegando a su casa del colegio cuando en la sala se encontró a su tio, un bastardo como tú, con más balas que neuronas!. ¡El desgraciado se encontraba ebrio y al verla comenzó a gritarle, la chica se asustó y trató de huir pero el sacó su pistola, le apuntó y le disparó! ¡A su propia sobrina...!

David lo escuchaba en silencio y con poca atención mientras trataba de limpiar su camisa.

-- ¿¡Sabes donde esta la niña ahora!? Internada en un hospital, la maldita bala sigue en su cuerpo incrustada en su columna, nunca podrá volver a caminar. La pobre chica perdió las ganas de vivir, entró en depresión. Cada día le suplica a su mama que la deje morir.

-- Danna, creo que se quien es... - Dijo David con la imagen de una chica de baja estatura, risueña y ojos verdes que siempre sonreía al caminar.

-- Claro que sabes quien es. Trata de ponerte en su lugar. Ella estaba emocionada con sus quince años, pronto tendría su fiesta y ahora todo se fue al olvido - Vic bajaba la voz tratando de calmarse.

-- Solo es una fiesta - Gruño David

-- Hoy es una fiesta ¿Pero y mañana? No podrá volver a correr, a caminar. Poco a poco perderá la oportunidad de hacer cosas tan banales como conducir, manejar bicicleta o que el chico que le gusta no le preste atención. Luego sentirá el rechazo de todos aquellos que no les importa su condición, sus familiares las verán con lastima y pena el resto de su vida. No podrá vestirse o vivir sola. Estará encadenada a una silla de ruedas mientras es rechazada en cada trabajo que intente conseguir, y eso asumiendo que siga adelante y salga de esa depresión antes de que cometa suicidio... Todo eso y más... Por una maldita bala

-- ¿¡Y qué tiene eso que ver conmigo!? - Gritó impaciente David

-- ¡Mira más allá de tus narices! - Respondió Vic agitando los brazos - ¡Cada día hay más niños con golpes en la cara, o con armas en su manos! ¡Todos los días mueren hombres, mujeres y niños cuyo único error fue haber salido de su casa el día equivocado! El índice de asesinato sube cada dia más ¿Por qué? ¡Por personas como tú! - Empujó a David quien apenas retrocedió.

-- No me vuelvas a tocar... - Su voz sonaba amenazadora

-- Abre los ojos maldita sea... Lo que le pasó a esa pobre chica, lo que le hicieron, sucede todos los días y a nadie le importa. Ni siquiera a los asesinos como tú quienes son los culpables del sufrimiento de tanta gente...

David a grandes pasos caminó hacia donde estaban acumulados los periódicos y los pateó con fuerza esparciéndolos por el lugar

-- ¡Yo no soy el maldito Dios como para tener que preocuparme por los demás! - Gritó ya enfurecido - ¡NADIE SE PREOCUPÓ POR MI!

-- ¡YO ME PREOCUPE POR TI! - Replicó Vic acercándose a él.

-- ¡CALLATE! ¡Pagarle las deudas no es preocuparse por un niño! Te diré algo anciano: No le debo nada nadie, no tengo porque temerle a nadie.

-- Eres un inconsciente... No te preocupas por las consecuencias que tus actos les traen a los demás, ni tampoco a ti. Escuchame David, el mundo sigue girando, pero no gira a tu alrededor. Algún día tendrás que correr, llorar y arrepentirte, porque vendrán por ti. No eres el único con una pistola. No será Dios quien te castigue, no; él nos abandonó hace mucho tiempo cuando se dio cuenta que no valemos la pena. Como tú hay muchos muertos, y muchos más que están por nacer. En esta vida sembramos lo que cosechamos, y espero estar ahí el día que te toque llorar.

David sacó su arma y apunto a Vic, estaba harto, harto de que lo molestará cada vez que se veían. ¿Qué derecho tenia? Vic no era su padre, nunca lo vio como tal ni lo trato como su hijo. Solo era un estúpido anciano que se creía muy sabio con sus palabras ridículas. Pero David ya le había ganado, sí, había ganado, le demostró que en esta vida no sirve de nada preocuparse por alguien más, pues nadie más hará lo mismo por ti. Era David quien tenía la pistola en mano y Vic quien debía suplicar, no él, Vic. Le apuntó al corazón "¿Quieres ver que tengo razón?" le preguntó al hombre quien lo veía sin expresión alguna. David se acercó unos pasos a él, por fin podría deshacerse del anciano, ya nadie más lo molestaría en su vida, seguiría actuando a placer. Su dedo acarició el gatillo, su cuerpo se lleno una vez más de ese placer y esa adrenalina previa al asesinato. "Adiós viejo y molesto Vic" Le dijo, se preparó para escuchar el sonido del disparo y... Bajó el arma, sin disparar, sin decir nada. Evitando ver a Vic a los ojos cogió su camisa, su cerveza y se marchó sin decir una palabra.

Los días pasaron junto con los constantes cambios de humor de David. "Debí matarlo... Debí hacerlo... ese viejo maldito"... "No, mejor no... No me gusta desperdiciar balas, estando vivo le demostraré que se equivoca"... "Si lo vuelvo a ver lo asesino, sin dudarlo"... Eran algunos de sus pensamientos

Para David, su superioridad se comprobó el día que Vic fue asesinado al salir de su casa, las autoridades lo confirmaron como intento de robo. Lo que debió ser una triste noticia para David se convirtió en una señal del cielo. "¿Te das cuenta viejo? Como yo tenía razón. Te vas a pudrir en una tumba hasta que te vuelvas polvo, ¿Y yo? Disfrutando de mi vida. ¿Ayudar al prójimo te sirvió de algo? ¿Pensar en los demás te dio vida y placeres? Ja, no hace falta que respondas, después de todo no puedes. Vete a la mierda Vic" Fueron sus palabras de despedida en el entierro.  David nunca supo que él mismo es el responsable del asesinato de Vic, pues su muerte fue una venganza de parte de un joven cuyo hermano David ejecutó y este joven quería hacer sufrir de igual forma al culpable.

Algunos años más transcurrieron, David maduró y tuvo otro hijo con el cual decidió quedarse junto con su mujer, era la hora de crear una familia que le pudiera dar el cariño que nunca recibió. "El futuro heredero" Le decía al pequeño niño llamado Sebastian. A pesar de su personalidad, su amor por el pequeño creció de forma descontrolada, era la única persona por quien podía preocuparse, su viva imagen de la infancia. Pudo sentir una satisfacción mas allá del poder, el amor de padre.

La noche de justicia llegó más tarde que temprano. Esa noche David se encontraba plácidamente durmiendo en su habitación con su mujer en sus brazos, cuando el sonido del teléfono perturbó su sueño.

-- ¿Quien habla? - Contestó somnoliento.

-- ¡David! ¡Son los de la calle 88! ¡Los familiares de Ruiz! - Era su amigo Félix, una de sus manos derechas.

-- ¿Ah? - Preguntó aún dormido.

-- ¡Que van por ti! Me lo dijo Moisés, los dos vamos camino a tu casa pero no se si llegaremos a tiempo. ¡Ten cuidado!.

¡Clic! Alguien estaba forzando la reja de su casa. "Sebas..." Pensó. Desde la reja de la entrada había un corto pasillo que llegaba al salón y la cocina. En el salón había dos puertas, la más cercana al pasillo daba al cuarto del pequeño. Si lo estaban buscando, entrarían primero ahí... En el salón había 3 sofás cercanos al pasillo, una pequeña mesa redonda que se encontraba al frente de las habitaciones, y algunos escaparates con fotos. Si lograba salir, tumbar la mesa, usarla para cubrirse de los disparos y evitar que se acerquen al cuarto...

-- ¿David? - Preguntó su mujer.

-- Shhh - Aguzó el oído - Escóndete debajo de la cama, ¡Escóndete!.

-- ¿Que sucede? - Se escuchaban pasos acercándose - ¿Sebas...?.

-- ¡Que te escondas! - Repitió sacando el arma de debajo de la almohada.

La mujer, Daniela, al ver el arma suplicó:

-- El niño... No dejes que lastimen al niño... - Más pasos.

-- No voy a dejar que... - Dos disparos - ¡SEBAS!.

Corrió a la sala donde vio a dos hombres con capucha cubriéndose con el sofá de disparos provenientes del pasillo. Moisés y Félix había llegado a tiempo para asesinar a uno de ellos en la entrada. Antes de ser visto, David saltó a un lado y derribó la redonda mesa para usarla como barrera, al segundo tres disparos impactaron en ella.

-- ¡Están rodeados malditos! - Gritó disparando al azar y rompiendo una de las ventanas.

El fuego enemigo no cesaba. El par de enmascarados se turnaba para dispararle a el y a la vez defenderse de Moisés y Félix que se escondían en el pasillo.

-- ¡Papá!.

-- ¡Quédate en el cuarto! - Asomó la cabeza a tiempo para observar como el pequeño salia de su habitación, al hacerlo un rayo de luz le cegó la vista y comenzó a disparar al azar hacia sus agresores, ellos respondían, al sentir como una de las balas rozaba su oreja se lanzó un lado para cubrirse de nuevo.

-- ¡VUELVE AL CUARTO! - Se asomó de nuevo, el segundo de los infiltrados yacía muerto en el suelo, el tercero recargaba su arma pero era muy tarde, Moisés entró y le disparo en el cuello al instante. Sebastian estaba recostado de la puerta con la boca sangrando y dos pequeños agujeros en su cuerpo.

El mundo se detuvo, por primera vez en mucho tiempo las lágrimas brotaban sin control de los ojos de David mientras este corría hacia el niño, lo acomodó en sus brazos a la vez que entraban Felix y Moisés.

-- ¡Llegamos casi a tiempo, creo que ellos son de... - Comenzó a decir Moisés pero fue interrumpido por un grito.

Daniela había salido de su cuarto y gritó al ver a su pequeño herido, intentó abalanzarse sobre David quien estaba arrodillado con el niño pero fue detenida por Felix .

-- ¡Sueltame hijo de puta! ¡Mi niño! ¡Mira lo que le hicieron! - Gritó desesperada y forcejeando .

-- ¡No fuimos nosotros! ¡Controlate! - Respondió Félix.

-- ¡SUELTAME!

Felix la arrojó a un lado golpeándola con la pared, la mujer cayó arrodillada y de espaldas al muro llorando, hipando y viendo al niño mientras repetia "Mi nene... Mi nene".

-- Respira papi, respira respira - Repetía David llorando

Sebas no abría lo ojos y su respiración disminuía por segundo.

-- Tenemos que llevarlo al hospital - Dijo Moises sacando a David de su trance.

-- No, ya es tarde - Agregó Félix - Lo que hay que...

-- ¡Busca el carro! - Gritó David con desesperación.

-- Ya es tarde... Él no podrá... - Le respondió su amigo.

-- ¡Callate y haz lo que te digo! - Tras unos segundos de apuntarle con el arma, Felix corrió en dirección al auto.

-- El hospital está muy cerca, llegaremos rápido y el pequeño Sebas se recuperara- Decía Moisés sin que David lo escuchara.

-- Tranquilo nene, todo va a estar bien... No le hagas caso - Susurraba.

En los siguientes segundos que parecieron horas, su mujer se había acurrucado a su lado y acariciaba al niño que luchaba por su vida. Félix volvió anunciando que el auto los estaba esperando, al instante David se levantó y ordeno a su mujer que se quedara o solo estorbaría, Daniela aceptó dándole un beso al niño y apresurando su esposo. David también le ordenó quedarse a Moisés en caso de que alguien más viniera, debía cuidar su esposa. Es una tarea que solo le encargaría a su amigo de la infancia quien aceptó tras un afectuoso apretón de manos y una promesa. David corrió a la puerta con el niño en brazos, ignorante que al salir, Moisés sacaría una pistola con silenciador y cansado de ser sólo una sombra le dispararía a su esposa entre los ojos.

("El mundo sigue girando") La voz de Vic no dejaba de sonar en la cabeza de David mientras este ayudaba a Félix a subir al pequeño al auto.

-- Dale dale dale - Le urgió Félix con el niño recostado en su piernas.

David aceleró lo mas rápido que pudo, el hospital se encontraba a unos 15 minutos, 10 si estaba libre la vía.

Avanzó por las dañadas calles mientras descendía por el barrio ("No eres el único con una pistola") Llegó a la autopista, la vía se encontraba sola por la hora, el cielo apenas comenzaba a aclarar y a mostrar los primeros rayos del sol. "Ya casi..." ("Como tú hay muchos muertos, y muchos más que están por nacer") "¡Callate!" grito para si mismo ignorando la cara extrañada de su amigo. "Sólo siete minutos más". Iban a toda velocidad por el camino cuando el vidrio de la parte trasera del carro colapsó, el auto se llenó de disparos que provenían de atrás ("Porque vendrán por ti"). Dos autos rodearon a David a cada lado chocándolo y empujándolo de un lado a otro. Trató de acelerar cuando una de sus llantas trasera explotó.

-- ¡Felix disparales! - Gritó pero al ver por el espejo lo vio con la cabeza inclinada y sangre brotándole de la sien.

Giró el volante a la izquierda tratando de mantener el control del auto pero este patino directo al carro enemigo, un segundo carro lo chocó por la derecha aprisionándolo con el primero. Los tres carros, siendo David el del medio, avanzaban pegados unos a otros a toda velocidad por la autopista.

Lluvia de disparos. Agachó la cabeza sintiendo como los pedazos de vidrio de las ventanas caían sobre él, seguía moviendo con desesperación el volante tratando de liberarse de los dos autos.

("Espero estar ahí el día que te toque llorar") Vio al asiento de atrás, su hijo ya no respiraba ("Algún día tendrás que correr") Sacó su arma y apuntó a uno de los autos, estaba vacía. Levantó la mirada encontrándose cara a cada con el conductor del auto a su izquierda, un joven de rostro familiar que no pudo reconocer.

-- No... - Suplicó ("No podrá volver a correr, a caminar...")

El joven le apuntó con un arma

-- Por favor... Mi hijo... - Lloraba de forma descontrolada ("llorar y arrepentirte") y su voz se quebró.

Se le nublaba la vista ("¡Por personas como tu!") pudo ver como lentamente apretaba el gatillo ("Hay tanta gente que ha llorado por tu culpa") un sonido de explosión ("En esta vida sembramos lo que cosechamos") y todo se apagó.

...

Los periódicos locales siguieron de cerca la investigación oficial.

Los hechos: Una familia fue asesinada en la autopista Capara del municipio Noobe. Un hombre y una mujer de treinta y dos años y un niño de nueve años. El hombre presentaba herida de balas en la cara donde recibió siete disparos. La mujer fue asesinada a quemarropa con un disparo en la cabeza. El niño recibió dos disparos en el tórax.

Los cuerpos fueron encontrados en un Aveo del 2006 el cual no tenia ventanas y presenta abolladuras de balas y golpes de choque por todo el auto además de la ausencia de las ruedas.

El auto fue encontrado abandonado y destruido con la familia en su interior en el deposito de basura de Carita.

Sospechosos: Ninguno, no se descarta el ajuste de cuentas.

Investigación: El auto al igual de los cadáveres no aportaron ningún dato que pudiera ayudar en el desarrollo de la investigación. No existen testigos, toda persona interrogada afirma no haber visto o escuchado nada.

Al registrarse la casa de la familia se encontraron rastros de sangres previamente limpiados por todo el suelo del salón principal, mas no se pudo comprobar la fecha de esta sangre o a quien pertenecía.

Resolución: Caso sin resolver.

fin.

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