19 jul. 2016

Nota de suicidio



                Nota de suicidio


Y aquí estoy una vez más bailando entre palabras con la hoja en blanco. Ella me mira y, socarrona, me reta a expresar todo pensamiento y sentimiento a través de letras, metáforas y razonamiento. Estoy algo asustado, no sé si esta vez vaya a poder lograrlo. Hay demasiado de donde exprimir la esencia de mi momento; este segundo en el que escribo aprovechando en mi interior me aclaman voces exigiendo una decisión. Usualmente esas voces son contradictorias y mantiene  un perenne debate, pero hoy se han puesto de acuerdo en una opinión unánime. Hoy debo hacerles caso… Los últimos años de mi vida ser escritor ha sido mi carta de presentación, así que me parece convincente que también sea mi carta de despedida.
No estoy seguro de por donde comenzar y dudo que algo de lo aquí escrito vaya a tener sentido. Un escrito nace del alma de su creador, y en este momento, quien escribe estas palabras, no haya lógica básica en su modo actuar. Sólo está aquí, deseando que alguien lo detenga pero sabiendo que no sucederá, y que él seguirá adelante hasta las últimas consecuencias.
No sé cómo tengo fuerzas para escribir esto; supongo que es mi último suspiro. El cansancio acumulado ya no es una roca gigantesca sino una cadena de espinas que se aprieta cada vez en mi cuello, mientras la silla en donde me poso tambalea y amenaza con caerse. Está esperando que le dé una patada para que pueda liberarse de mí y dejarme colgado en el aire. Hoy su espera ha terminado.
Supongo que no era difícil de prever como terminaría. He sido un soñador que escapa de la realidad de cualquier forma que encuentre. Un visionario sin visión que no sabe convertir fantasías en realidades, sino que se sumerge en ellas como si estas pudieran salvarle. He sido un investigador en busca de respuestas que, una vez conseguidas, se niega a aceptarlas y sigue buscando otra como si siempre hubiese otro camino. Pero es hora de dejar le negación de lado y aceptar los hechos imperturbables que se presentan.  Siempre he querido ser uno más, incluso más que sólo uno, pero la realidad es que debo ser uno menos.
Debo ser ese número que acompaña la estadística de los difuntos.
No sé si pueda describir la frustración de verse con vergüenza ante el espejo. Saber que lo que eres, quién eres, causa más males que beneficios y en ti no nace la fuerza suficiente para cambiarte. Es frustrante porque a veces crees lograrlo, pero la vida y su circunferencia te llevan siempre al mismo lugar. Inicio desastroso del que no se puede escapar. Llegas al mismo error del comienzo, ese que tiene tus huellas dactilares y te señala como único culpable. El presente se niega a perdonar su pasado y ahí es cuando te das cuenta de que tú tampoco podrás hacerlo. Este atrapado en tu cuerpo, mente y corazón; tres adversarios que confabulan en tu contra.
¿De qué sirve luchar si no ganas la guerra? ¿De qué sirve trabajar si no obtienes beneficios? ¿De qué sirve cambiar si nadie lo aprecia? ¿De qué sirve una vida si no tiene un final feliz?
Siento una gota deslizándose por mi rostro y no sé si será sudor o una lágrima.
Hace mucho que no distingo mis sentimientos. Ya no se diferenciar entre el día y la noche; para mí, ambos son igual de opacos. Uno le sigue al otro pero vienen a ser iguales. Presagios del tiempo que no varía a pesar de las necesidades personales.
Tal vez he visto mucho de lo malo y poco de lo bueno. He visto a mi madre llorar el pie de mi cama lamentándose por tener a un hijo como yo; frustrada por no saber qué hacer conmigo. He visto a mi padre mirándome con ira y decepción; una ligera muestra de desprecio y asco se filtra en sus pupilas. Su voz me dice que soy un error en su vida. Hoy sé que tiene razón. Soy un error en su vida. Soy un error en la vida de muchos. También vi a mis familiares caer sin poder ayudarles. Vi a mis amigos alejarse sin poder pedirles que se acercaran. Vi mi corazón siendo estrujado por aquellas manos que creí que lo protegerían. He visto a alguien idéntico a mí, al otro lado del espejo, viéndome y tratando de entenderme sin lograrlo. He visto muy pocos gestos sinceros, muy pocos abrazos. No he visto reconocimientos.
¿Pero a quién puedo culpar por ellos? Si he sido una decepción para aquellos que me conocen. Esos que al leer esta carta deben estar escuchando mi voz. He sido esa promesa que jamás se cumple. Esa fecha del calendario que nunca llega. Al hablarme con sinceridad puedo enumerar todas las veces que he fallado, las veces que he mentido. Recuerdo todos aquellos momentos en los que he herido a un ser querido, muchas veces apropósito. Y aún tengo el descaro de creerme buena persona. Pero ya es hora de soltar máscaras y salir del agujero como el gusano que por se atreve a ver la luz.
Mis fracasos solo me incumben a mí y se engrandecen ante el logro de otros. Tengo miedo a convertirme en un envidioso.
No sé cómo tuve el atrevimiento de aspirar a la grandeza. Como creí poder llegar a ser como aquellos que admiro. Creí estar construyendo un legado, iniciando una leyenda, pero la verdad es que solo estructuro un castillo de arena que se derrumba cuando sube la marea. No sé cómo creí poder ser inmortal en las mentes que conocerían mi arte. Ni siquiera sé si lo que he hecho alguna vez ha sido arte. Artista es una palabrada demasiado grande, y yo soy demasiado pequeño. Soy un indigno del mérito.
La verdad es que ya no me siento con fuerzas y valor suficientes para seguir afrontando mis errores, mis defectos. Mi intelecto me lleva hacia opciones pragmáticas, pero he intentado seguirlo muchas veces y hasta ahora no me ha funcionado. Ya no quiero seguir pagando. Soy como ese preso que suplica por la pena de muerte porque no puede soportar la vida tras las rejas; sabe que la libertad es imposible, así que acude a la opción más cercana. Opción contundente.
Estoy harto y cansado de vivir en los “tal vez”, de esperar por el “algún día”, de vagar entre los “ya llegará”. Creo en el amor, pero llevo mucho esperándolo sin tocarlo; creo en él pero no sé si llegará. Creo en mi talento y llevo años forjándolo, pero no sé si algún día me funcionará. Creo en los amigos esperando encontrar buenos, al menos esto lo he logrado. Creo en un futuro, pero me duele no saber cómo será.  Me siento como un náufrago que va sobre la balsa a la deriva esperando ver en el horizonte alguna orilla. Siempre esperando. Esperando que todo salga bien, que todo funcione algún día, pero esa fecha jamás llega. Todo es demasiado ambiguo, demasiado inseguro; nadie te asegura nada y vives en la constante incertidumbre basándote en la esperanza, en la fe ciega que no te sirve de nada. Todo sigue saliendo mal. La balsa se hunde.
Si mi partida le duele a alguien, le ruego que me perdone. Saben que llevo demasiado tiempo tratando de ayudar a los demás, tratando de darles consuelo; a veces sacrificando mi propio ánimo. Hoy quiero rendirme ante una opción egoísta y cumplir mi capricho. Porque sí, la muerte es un capricho, pero uno delicioso. Que irónico terminar mi vida con el mal que quería erradicar.
Hay tanto que me viene a la cabeza en este momento… Los besos que debí robar pero no tuve el valor. Las revelaciones que debí confesar pero me callé. Los días en que debí pararme y luchar, pero me mantuve acostado. En este mundo de ciegos creí ser el tuerto, pero fui el más ciego de todos. Me construí realidad queriendo hacerlas partes de mi vida, pero fueron quimeras que hoy en día me caen encima
Me rindo.       
Por favor no se sorprendan. En el fondo ustedes sabían que lo haría.
El momento es propicio, mi casa está vacía. ¿Destino?
Si estoy equivocado y Dios existe, tal vez nos volvamos a ver. Si no, no quiero que me recuerden como lo que fui, sino como lo que pude ser.
Mi vida ha sido una pantomima tragicómica, creo que ese sería un buen epitafio. Un “quiero pero no puede”, un “algún día lo lograré”. Pero vamos, ya estoy cansado. Incluso estoy aburrido, aunque tal vez esa no sea la palabra correcta.
Háganle llegar esta carta a quien le interese leerla.
Perdónenme, en serio, perdónenme. Lo que más me duele es fallarles pero parece que es lo único que sé hacer. A los que les prometí estar siempre a su lado les estoy fallando; perdónenme por no cumplir mi promesa. A los que les hablé de un futuro mejor, no sigan mi ejemplo. Luchen. Pueden conseguir lo que yo no. Por mi parte seguiré el ejemplo de esa persona a la que casualmente también le fallé. La extraño mucho. Ojalá podamos reunirnos. Tal vez nos arrepintamos juntos de esta decisión.
Me voy dejando una novela incompleta, aunque eso me parece un buen paralelismo con mi vida: Una novela incompleta, de una vida incompleta, finalizada por un hombre que siempre se sintió incompleto.
Si te dije que te amé, no dudes que lo dije en serio. Si te dije que te quiero, tal vez debí decirte que te amaba. Mis secretos se van conmigo. Es lo mejor.
Hay unos versos que se me ocurrieron camino a mi casa y que los repetí una y otra vez.

Con un brebaje mortal,
poco me importa ya.
Es hora de terminar.
Esta es mi nota de suicidio.

8 comentarios:

  1. No me canso de decir que me encanta la manera en qué escribís. Y creo que este texto es increíble, no sólo por la belleza de las palabras sino también por todos los sentimientos que trasmite, muy real y muy triste. Es feo pensar que hay gente en este momento que se siente así, gente que se da por vencida cansada de intentar.
    Es un excelentísimo trabajo, John. Un abrazo enorme!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu apoyo, Mica. Y sí, hay muchas personas así; más de las que debería...

      Eliminar
  2. Creo que también te mostrare mi nota de suicidio. La vida suele tan dura con nosotros que cuando ya no aguantamos mas... Tomamos la salida fácil. De cierta forma comprendí todo lo que llevo a escribir esto, perdón el spam pero sabes muy bien que esto esta basado en hechos reales.
    Un fuerte abrazo mi estimado! y muy buena vibra!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Fantasía y realidad. Jamás me suicidaría; tengo demasiadas ansías de gloria como para hacerlo. Pero un día me atreví a fantasear en como sería mi nita de suicidio y de ahí nació este texto.

      Soy un escritor, los escritores escribimos nuestras fantasías.

      Eliminar
    2. Pensé que esos eran los poetas XD

      Eliminar
  3. Vaya, cuando he leído el título me he asustado muchísimo y he leído a toda prisa. Pero veo que no, que es otra de tus fantásticas formas de escribir conformando un fantástico relato. Eres genial y nunca me cansaré de decírtelo :)

    Un abrazo, querido amigo ^^

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lamento haberte asustado; aunque admito que el titulo fue escogido precisamente para causar impacto. Espero que te haya gustado, amiga :3

      Eliminar
  4. ¿Que te puedo decir? Es un tema irónico, si revisas ciertas letras veras que al tocar fondo y justamente en el instante exacto antes de "..." se generan las letras mas asombrosas, como si del dolor naciera el arte o la poesía (que al final es lo mismo para mi). En lo personal no creí que fuese un tema "real" sin embargo sabes por lo que se pasa.
    Muy buena vibra!!!

    ResponderEliminar