¿Yo te amé?
Yo te amé, ¿lo sabías? O bueno, al menos eso creo;
ya no estoy tan seguro. Tu imagen, antes sinónimo de perfección, se ha
convertido en un retrato sin color observándome en mi habitación. Tus besos,
antes tan ansiados, se convirtieron en vacíos movimientos sin dulzor que me
hacen preguntarme si tendrá algún sentido que tú, y yo, sigamos compartiendo un
mismo mundo.
Yo te amaba, o eso es lo que siempre he pensado.
Pero ahora todo está confuso, borroso, como si fueses una mancha en mi pared;
una figura sin forma que se plasma en el infinito blanco de mi existencia,
perturbando la pureza de mi todo.
¿Te amé? ¿Cómo saberlo?
Antes, en cualquier momento y lugar, la respuesta
hubiese sido un “sí” rotundo, sin pausas ni dudas, sonriendo, pensando en tu
figura y recordando tu voz; pero ahora…
Permíteme explicarme: No quiero que pienses que
todos aquéllos momentos, eternos y únicos, fueron mentiras, pues en ellos te
juraba amor hasta la muerte. Siempre te fui sincero. Pero aunque aún no hemos
muerto, al parecer nuestro amor sí.
Hablemos con la verdad. No entiendo como el amor
puede desvanecerse tan pronto, como si no fuese más que una brisa pasajera que
nos acaricia durante un segundo y después se marcha, dándonos la espalda, dejándonos con ganas de ella; y
en ese estado permanecemos hasta que llegue la siguiente, y luego la otra y la
otra, deseando siempre que se mantenga, con miedo de que sea la última.
No somos niños, no esperamos un cuento de hadas con
el: “y vivieron felices para siempre…” pero darme cuenta de nuestra penitencia:
el desamor, me hace ver lo estúpido que es iniciar una nueva relación,
enamorarnos de nuevo, para luego desencantarnos y reiniciar el ciclo.
Es tan estúpido. Es tan simple. Es tan complicado.
¡Yo te amé!, ahora lo sé; pero ya no te amo, eso también
lo sé.
Después de los momentos tiernos, los sobrenombres cursis, las miradas en
silencio y, las risas comprometidas; ¿qué queda? Nada. ¿Entonces para qué
vivirlos?
Dios sabrá porque nos une y nos separa a su
conveniencia.
Antes, le gritaba a las nubes mi amor por ti,
soñando con que en ellas pudiera ver tu semblante. Ahora, imaginarte, es
convertir la noche en tormenta.
Si amaste y dejaste de amar, ¿en verdad estuviste
enamorado? Por favor, que alguien me responda, pues ni escribiéndote estas
palabras, que jamás leerás, he hallado respuesta.
