Mi
peor enemigo
Me está gritando, me grita pero no
entiendo sus palabras. Siento su enojo, su desesperación, sus miles de quejas
sobre mi persona, pero no puedo descifrar lo que me dice.
Sé que está señalando mis errores, y
enumera uno por uno mis defectos. Me recuerda mis complejos como si los hubiese
leído esta mañana en el periódico. Me dice lo estúpido que soy, lo tonto, lo
cobarde, lo débil. Me recuerda cómo viven engañados aquellos que me ven como
alguien digno de respetar. Pobres ilusos que no me conocen bien. Ilusos que no
me ven llorar en mi habitación por las noches, escuchando música con mis
audífonos, encerrado en las paredes de mis lamentos, observando por la ventana
el mundo que odio y a la vez amo; que temo y ansío; que espero y me espera.
Él sigue gritando y a su modo me
aconseja, pero es ahí cuando menos lo entiendo. ¿Qué me dice? ¿Por qué? Me
observa fijamente con decepción, como si me aborreciera. Creo que estar
enfrente de él hace que le de asco.
Ahora llora,
desconsolado, cubriéndose el rostro con las palmas. Intento acercarme a él pero
se aleja, intento entenderlo pero me confunde; yo solo quiero que estemos en
paz y podamos sonreír al vernos, pero siempre hay algo que nos detiene. Algo
que me dice que baje la mirada y permita que se me nuble el semblante en su
presencia. Escucho sus susurros despotricando contra mí, maldiciéndome,
deseándome la muerte. Si de él dependiera, me estrangularía con sus manos
apretando con fuerza mi cuello, dejando sus cinco huellas marcadas en mi piel,
riendo al ver como el aire escapa de mí, en compañía de mi vida. Pero no se lo
permito, tal vez algún día lo deje hacerlo, pero hoy no. En el fondo, algo hace
que me le rebele y trate de mostrarme fuerte, aunque tanto él como yo sabemos
que mis fortalezas tienen la resistencia de una hoja contra el viento.
Quisiera que fuéramos
amigos ¿sí? De verdad que eso quisiera, que nos entendiéramos, que nos
escucháramos, pero parece imposible. Tal vez nunca vayamos a entendernos, y de
ser así, no sé cuánto tiempo soportaremos
Tú y yo nos necesitamos.
Tú, que eres mi cristal. Tú, que tienes mi imagen. Tú, que eres a quien veo
cada mañana frente al espejo. Tú, has resultado la mayor de mis dolencias.
Tú, reflejo mío, eres
mi peor enemigo.