31 may. 2016

Demonios Terrenales: Dios castiga a los niños malos

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II

Dios castiga a los niños malos




"Dios castiga a los niños malos" es la frase  que siempre le repiten a Hernán Cáceres. Su madre, una católica muy devota, intenta guiar a su hijo por el camino de la fe, la creencia y el adoctrinamiento. Le ha funcionado con el paso del tiempo, convirtiéndose Hernán en un pequeño ejemplar, pero con deseos de rebeldía. ¿Qué puede ver un niño católico como acto de rebeldía? Tal vez desobedecer a su madre en una orden directa, o tal vez algo menos peligroso; fugarse de aquella prisión en la que se encierra de lunes a viernes, aquél templo del saber, capital de las reglas, iglesia de la monotonía: la escuela
Hernán camina por las calles de Guares perdido en sus pensamientos, recordando aquella frase que le han dicho desde tan pequeño, asustándolo por la consecuencia de sus actos. ¿Dios lo castigará por su horrible crimen? Espera que no. Camina por el centro del pueblo a las nueve de la mañana, hora en la que debería estar en su clase de matemática. Con sus doce años, Hernán es considerado maduro pero inocente, ajeno a la vida que lo rodea por estar encerrado en esa bóveda de su hogar donde es un libro quién dicta sus ideales.
Hace semanas que les ruega a sus padres una tarde de diversión; un rato de libertad para ir a la tienda de árcades, donde ese nuevo videojuego de peleas recién estrenado se convirtió en el protagonista de las conversaciones de sus amigos. Todos hablan de ese juego, menos él, quién ha sido regañado una y otra vez al pedir permiso para ir a jugar. Incluso entre fines de semana Hernán permanece encerrado en su cuarto, bajo la prohibición de no poder salir hasta terminar todas sus tareas, y una vez afuera, no poder alejarse más de dos cuadras.
Injusta, así considera Hernán su crianza: Injusta. Sólo la injusticia puede describir la frustración de un joven al no recibir los reconocimientos que cree merecer. Al negársele la confianza por la que ha luchado. Padres sobre protectores o indiferentes que no tienen ojos para los logros de sus hijos, sean grandes o pequeños, exigiéndoles cada vez más y creando un estrés que conlleva a la indisciplina; pues un niño no haya otro modo de rebeldía que la desobediencia justificada dentro de su mundo.
Hernán merece descansar, merece jugar, merece criarse como cualquier otro niño con un acto de diversión diferente a escuchar lo que dice un anciano en un escenario hablando de sucesos de hace miles de años antes de Cristo, literalmente. Hernán sabe que es así, y con ese mismo pensamiento se da ánimos y continúa su camino a los árcades.
Las calles están vacías. El día es miércoles y la mayoría de los estudiantes se encuentran en sus escuelas. Son pocos los autos en el pueblo, por lo que problemas como el tráfico y embotellamientos desaparecen del mapa. Algunos peatones caminan por la acera pero sin mucha prisa, aquellos que tenían que ir a algún lugar ya están ahí, los que aún se encuentran en las calles es por la ausencia de deberes apresurados. No se ven los unos a los otros, no chocan sus hombros, no se saludan; cada quien está perdido en su vida, tal como sucede en las grandes ciudades.
Hernán cruza a la derecha y pasa por un lado de la plaza donde jugaba de más pequeño. A su derecha los autos pasan y a su izquierda se encuentran los juegos, los toboganes, los columpios y los recuerdos; recuerdos de cuando su madre y las de sus amigos se reunían mientras ellos hacían de las suyas. Entre sus compañeros estaba Ángel Palacios, quién ya lleva una semana desaparecido; nadie le ha visto ni lo verán, o por lo menos así piensa Hernán. Ángel siempre fue, junto a él, uno de los chicos más tranquilos que se divertía simplemente con un pequeño carro o columpiándose con tranquilidad, sintiendo el planeta girar a sus pies mientras el subía y bajaba; subía y bajaba. No hay mayor disfrute que ese. Pero esos días habían quedado atrás. Ángel había desaparecido y en la escuela todos hablan de él, incluso se escuchaba su nombre entre padres susurrándose unos a otros, todos con gestos afligidos. Los padres de Ángel habían entrado desesperados en la escuela; la madre llorando, el padre mudo; con la esperanza de recibir alguna pista, pero sin ninguna respuesta. Hernán no teme por Ángel, sabe que debe estar bien, porqué Ángel es un niño bueno, y Dios no castiga a los niños buenos.
Dios castiga a los niños malos.
La frase sigue deslizándose por sus oídos traída por el fantasma de la conciencia. Las cosas no habían cambiado sólo por la desaparición de su amigo, sino también por él, por Hernán, quien se estaba convirtiendo en un niño malo. Se había fugado de la escuela tras engañar a su madre con un plan sencillo: le dijo a su transportista que no lo viniera a buscar, pues acompañaría a su madre a hacer unas diligencias; luego le dijo a su madre que su transportista no lo vendría a buscar porque debía ocuparse de unos asuntos, por lo que tendría que irse solo. El plan salió a la perfección, incluso para sorpresa de Hernán. Su madre le dio pasaje y sin sospechar nada le dejo ir, sin percatarse que tras esperar unos minutos, su hijo daría media vuelta en dirección contraria a su colegio.
Ahora estaba ahí, a pocos metros de los videojuegos ¿siendo malo? No, no era malo, no podía serlo porque si no Dios lo castigaría. El simplemente estaba siendo justo, ¿no? Por qué cuándo los padres sobrepasan la exigencia y le restan libertad a su hijo, no le dejan más opción que actuar a escondidas. No, no estaba siendo malo.
Pero dudaba, dudaba mucho. Si estaba siendo malo ¿cuál sería su castigo? El señor lo condenaría con algo horrible ¿Plaga, hambruna, enfermedades, el fuego eterno? Toda su vida le enseñaron a temer su ira, mas no a prever como podría manifestarse, ni cuándo, ni dónde. Si de verdad estaba siendo malo, y su madre tenía razón, podría estar arruinando toda su vida en ese momento, con aquél pecado. Aunque en los diez mandamientos no se mencionan los videojuegos.
El miedo lo detiene a pocas calles de su destino. Los árcades están a dos cuadras y ya puede verlos. Están abiertos y vacíos, obviamente no deben visitarlos muchos niños entre semana y tan temprano, así que Hernán no tendría que hacer colas para ningún juego; no tendría que esperar. En sus bolsillos rebosan las monedas que le prometen pasar toda la tarde jugando. Si cruza dos calles llega al paraíso, pero el salir estaría condenado al infierno; ése es el problema.
Hernán mira a los lados y el miedo irracional se apodera de él. Su madre podría aparecer por cualquier lado, o una de sus amigas, o cualquier otro familiar. Sería atrapado ahí, con las manos en la masa, como un vulgar criminal. Tendría que dar muchas explicaciones con la cabeza agachada. Aún no es tarde, podría volver al colegio, podría inventar una mentira para su retraso. Excelente idea: Cubrir una mentira con otra.
La indecisión le atormenta. Tal vez su madre no lo está viendo, pero Dios sí.
Debido a sus dudas, Hernán no nota aquel auto que lo ha estado siguiendo por varias cuadras, con lentitud y paciencia, como un cazador acechando su presa. Ahora lo observa estacionado una cuadra atrás. Sus vidrios son oscuros impidiendo ver el interior y cualquier persona que lo viera pensaría que está apagado, de no ser por el apenas audible rugir del motor y las dos personas que se encuentran en su interior, en silencio, observando al pequeño. Ninguno de los dos dice nada ni rompe la quietud. No necesitan intercambiar planes ni pensamientos. La calle está vacía a excepción del niño y conocen la zona lo suficientemente bien para saber que no hay cámaras ni patrullas cerca. No hay ventanas abiertas. No hay miradas curiosas. Sólo ese pequeño que mira de un lado a otro de la calle, al parecer indeciso, al parecer indefenso.
El auto acelera con parsimonia y estaciona al lado del chico.
Hernán se fija por primera vez en él. Un indescifrable escalofrío se apodera de él y le congela los sentidos. Suda a pesar del frío que de repente siente. Su corazón se acelera y un pitido cruza su mente. Quiere correr, sin saber por qué. Quiere gritar, sin entenderlo del todo. Sólo sabe que le teme a ese auto a su lado, pero ya es muy tarde para correr. La puerta del copiloto se abre y sus peores temores con confirmados: Su profesora Ojeda aparece ante él.
Kairy Ojeda es una de sus profesoras favoritas. Es tierna, cariñosa, comprensiva y divertida. Ella lo ve con cariño mientras rodea el auto y se le acerca. Hernán se alegra de verla hasta que recuerda el sitió dónde está y como llegó ahí.
Atrapado, lo han atrapado.
– ¿Hernán, qué haces aquí en horas de clase?
– Pues, verá, Profesora...
-– ¿Tu mamá sabe que estás aquí?
Ambos sabían la respuesta.
– ¿Alguien sabe que estás aquí?
– No, profesora - responde avergonzado.
– Hernán,  Hernán.
La profesora le da unas palmaditas. Hernán se sonroja sin dejar de ver al suelo. Atrapado por una de sus mejores profesoras, y estando tan cerca de llegar. Su suerte no podría ser peor.
– ¿Estás con alguien?
– No, profesora, estoy sólo. Lo siento mucho.
– Hernán - suspira - no esperaba esto de ti ¿Cómo se te ocurre caminar por ahí solo y  sin permiso de tu madre? Algo podría pasarte ¿y si desapareces como Ángel?
Hernán no responde, desea que la tierra lo trague. Su plan fue estúpido, debería estar en la escuela, como siempre, estudiando; y no en pleno centro a punto de ser llevado con su madre y castigado de por vida.
– Me decepcionas mucho, Hernán.
– ¡Perdón profesora! No sé por qué lo hice, solo quería jugar un poco. Pero ya estaba empezando a dudar y quería irme al colegio, se lo juro.
– ¿Y cómo ibas a entrar al colegio a estas horas?
– Pues...
– Hernán… - Dice con tono reprochador.
– Con una mentirita blanca. - Confiesa sin querer verla.
– Me parece que ya has mentido mucho por hoy, Cáceres, debería llevarte con tu madre.
– ¡No, no! ¡No lo haga profesora, le prometo que no lo volveré a hacer!
– No sé, Hernán.
– ¡Se lo juro, me portaré bien! Pero por favor no me lleve con mi madre.
La profesora Ojeda lo observa por unos segundos en los que Hernán siente como el mundo se le cae encima. Si lo llevan con su madre, es el fin.
– Hagamos algo Hernán, te llevaré al colegio y de algún modo conseguiré meterte, pero solo por esta vez. Y debes proteger no decírselo a nadie.
– ¡Se lo prometo! - Y la abraza
Por eso siempre le gustó la Profesora Kairy Ojeda. Siempre es quién más les hace reír en clase y los ayuda con la tarea, que suelen ser más divertidas cuando ella las manda. Es de las pocas que parecen de verdad disfrutar cuando está dando una clase, o compartiendo con sus alumnos. Siempre buscando una forma de ayudarlos y hacerlos sentir mejor aun cuando están fallando. Esa labor incondicional le ha hecho ganarse el cariño y el respecto no sólo de sus alumnados, sino también de los padres y sus compañeros de trabajo. Debía ser genial ser hijo de Kairy Ojeda. 
– Vamos al auto.
Hernán entra en el asiento detrás del conductor a la vez que la profesora le presenta a su esposo. El hombre está oculto detrás de unos lentes oscuros, y su saludo consiste en un gesto con la mano en donde se puede ver una cicatriz curveada en su muñeca. Hernán lo saluda de vuelta y se acomoda en su asiento. El auto acelera y se mueve por el laberinto de vías.
– Profesora, éste no es el camino a la escuela.
Nadie le responde.
Poco sabe Hernán, que tras subirse a ese auto, tendrá un único pensamiento por el resto de sus días:
Dios castiga a los niños malos.

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¡Gracias por leer!

14 comentarios:

  1. Hola! Primero me he ido a tu capítulo anterior, porque quería recordar un poquito el primero :)
    Leo el segundo y me doy cuenta de que... Escribes genial!! Madre mía, has despertado todo mi interés con este capítulo incluso más que en el primero, que ya es decir! :)

    OBVIO QUE QUIERO LEER OTRO MÁS! Sigue así! !Me encanta :3 Un abrazo!

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    1. Siempre es un gusto saber que me lees, María. Muy pronto tendrás el siguiente capitulo y espero que te siga gustando :3 gracias por leer

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    2. Estaré esperándolo con muchas ganas :) es un placer leerte! Un besazo!! Gracias a ti por escribir tan bien!

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  2. Necesito leer mas! En serio, es que la historia es tan buena que puedo imaginarme al niño, el auto y a sus captores. Aunque no quiero empezar mis sospechas, siento que tal vez le darás un giro drástico a la trama.
    En fin, espero el siguiente con ansias.
    Un beso :)

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    1. Jajajajaja no revelaré nada hasta que lo publique. Gracias por leer y comentar :3

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  3. Hola!
    Me he leído el primer capitulo y me ha encatando,pero con este te superaste espero con ansias el siguiente capítulo.
    Acabo de descubrir tu blog,yo también participo en la iniciativa Seamos Seguidores,ya tienes un nueva seguidora.Te espero en mi blog:
    http://aprovechalavidacadadiaa.blogspot.com.es
    Un beso :)

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    1. Te doy la bienvenida al blog, espero verte seguido por aquí :3. Me pasaré por el tuyo en cuanto pueda. Un saludo n.n

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  4. Madre mia!!!
    Esto ya no deberia ser libro sino serie de TV de paga :$
    Ya espero el siguiente D:

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  5. Omg :o Escribes muy bien, engancha bastante! El primero también es muy bueno. Deberías promocionalo más por Twitter, cosa que mas gente te lee :D
    SALUDOS!

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    1. La verdad no tengo dinero para promocionar con Twitterads ni nada por el estilo :c ¡Por eso los pido que compartan si les gustó! :3.

      Un saludo muy grande :3

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  6. La ironía e la vida, por mas que te portes bien, si tu destino te tiene una mala jugada para ti, ni aunque te quites.
    Me esperare a ver que le paso, porque pensando bien quiero suponer que se lo llevaron a su mamá, y no a lo que le paso al Ángel.

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    1. Ja! Iluso. Okno xD. Ya esta publicada la continuacion, un gusto que me leas :3

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    2. Joder... vengo del siguiente capitulo y me has dado la respuesta a lo que me temía D:

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