24 may. 2016

Demonios Terrenales: La Reunión

Para leer el prólogo, has click en el siguiente enlace: Prólogo


I
La reunión




Dicen que la lejanía puede otorgar la paz; el estar alejado de todos y de todo, acurrucado en el horizonte pero sin ser esclavo de la soledad. El merecido descanso del mundo exterior, lugar de preocupaciones mundanas pero reales. Ancianos que se retiran a campos dónde pasarán el resto de sus días atestiguan lo anteriormente dicho. Podría ser considerado un escape, pero sin importar lo lejos de una locación, esta sigue perteneciendo al mismo mundo que tarde o temprano le alcanzará.
Guares inició como lugar de retiro, un pequeño pueblo rodeado de llanuras, a cientos de kilómetros de la ciudad más cercana. Parejas retiradas en busca de descanso llegaban día tras día, estableciéndose para disfrutar de su silencio. Con el paso de los años el pueblo fue creciendo; muchas familias encontraron su hogar en el pueblo y poco a poco fueron apareciendo negocios, moteles, escuelas y parques. Guares seguía siendo un lugar pequeño, pero más cómodo, accesible y, según algunas familias, un gran lugar para criar a un niño.
Guares posee al menos cinco escuelas, aunque una sola y pequeña universidad; un hospital, una jefatura de policía, varios centros recreativos que en su mayoría son parques para niños, con canchas de fútbol y béisbol. Las zonas residenciales se esparcen por todo el pueblo debido a su desorganización; no es raro encontrar un casa en el pleno centro. Un centro comercial que no aspira a más. Una alcaldía y dos edificios históricos pocos conocidos. Todo lo necesario para que un pueblo pudiera ser considerado como tal, sin mostrar pretensiones o deseos de llegar a más.
El turismo no es uno de sus puntos fuertes. Sin tener mucho que ofrecer, los viajeros pasan por Guares sin siquiera bajar las ventanas, y si alguno se detiene, es probablemente para pedir una dirección y luego seguir su camino. A pesar de esto, Guares hace gala de moteles y tiendas de recuerdos en sus extremos, con libros o folletos que relatan la modesta historia del pueblo, o sus posibles sitios de interés.
La tienda de objetos del sur del pueblo pertenece a Rossi Meneses, mujer de sesenta años que ha pasado toda su vida en el pueblo, saliendo ocasionalmente en vacaciones o en su luna de miel con su esposo ya fallecido. Al quedar viuda, Rossi decidió continuar con el negocio fundado por su marido, resistiéndose a buscar un trabajo lejos del local dónde también duerme. Sus ganancias son tan pocas como sus necesidades, por lo que Rossi no se preocupa por su economía, ella disfruta de su lugar y de su trabajo, dedicándose simplemente a vivir. Su negocio no necesita de muchos arreglos, es un edificio de dos pisos donde el principal es la tienda y el segundo su departamento. La tienda carece de iluminación, siendo los rayos del sol quienes le dan su brillo, acompañados de unas pocas bombillas. Estanterías repletas de baratijas o libros la recorren de par en par, con sus paredes de madera negra y su suelo chirriante. Detrás se encuentra un patio que da a la llanura, con dos mesas y varías sillas sin puesto fijo.
Irónicamente, la tienda de Rossi es más visitada por lugareños que por turistas. Siendo tan longeva en el pueblo es bien conocida y querida por sus habitantes, quienes no dudan en visitarla y usar su local como punto de reunión para comentar los sucesos del día, cómo una taberna improvisada.
Cómo muchos otros días, Rossi se levanta sin apuros a las nueve de la mañana; prepara su desayuno y dedica gran parte de la hora temprana para los quehaceres del hogar, dónde siempre hay un rincón para limpiar. La mañana transcurre con normalidad y le da paso al mediodía, hora en que abre su tienda. Las horas siguen su curso y  los clientes que han entrado podrían contarse con los dedos de una mano. Alrededor de las cinco, con el sol iniciando su descenso, la campanilla tintinea y la puerta se abre. Entran Nelson Vasquez, Gabriel Nuñez y Ricardo Ramirez; tres de los pueblerinos que más visitan a Rossi; los rodean los veinte años y suelen ser tranquilos en su temperamento, dedicando sus días libres a reunirse, hablar entre amigos y beber un poco, haciendo apuestas cuando la economía lo permite.
Rossi los saluda con alegría, siempre feliz de recibir compañía con quien poder conversar. Los visitantes la saludan de vuelta y le ofrecen sentarse con ellos a relajarse un segundo; ella acepta  sin problemas dejándolos pasar al patio posterior para que acomoden las sillas mientras  pone todo en orden.
Mientras los chicos acomodan su lugar, la campanilla vuelve a sonar y un hombre maduro entra con su hija, El hombre, tranquilo como es, y lugareño cómo los otros, saluda a Rossi mientras su hija busca unos libros en su estantería.
‒ ¿Cómo va el negocio Rossi?
‒Pues ahí vamos, Autor, hoy no ha habido mucha venta. ¿Qué busca Lucy?
‒Un libro para su clase de historia, su madre está en el auto, apurada como siempre.
Lucy se acerca al mostrador con el libro, saludando a la señora; esta le cobra y le desea suerte con su tarea. La pequeña sonríe y apura su papá, quién no parece tan animado de irse.
‒Hoy no tenemos actividad en la fábrica, está detenida por ausencia de material.
‒Vamos, papá.
‒Espera Lucy, que estoy hablando con la señora Rossi.
‒Que mal, Autor. Nelson, Ricardo y Gabriel llegaron hace unos minutos, están atrás, acomodando las sillas, las bebidas y seguro que trajeron cartas. ¿Por qué no te nos unes? Podrías pasar el rato.
‒A mamá no le gustará.
‒Tu mamá me deja divertirme muy de vez en cuando, Lucy ‒Acepta Autor ‒. Vale, déjame acompañar a la niña al auto y avisarle a Lucia, ya vuelvo. No me dejen tan rápido sin bebida, mira que ese Ricardo parece máquina expendedora.
Autor salé acompañando a su hija y volviendo al cabo de unos minutos.
‒Lucy tenía razón, a su mamá no le gustó mucho que digamos ‒dice con una sonrisa de culpabilidad.
Ambos ríen como viejos amigos y entran al patio, donde los tres jóvenes ya están acomodados conversando y jugando una partida de cartas. Autor le pregunta a Rossi por los clientes, ella le dice que se relaje, pues si alguno llegase, la campanilla les avisaría. Ricardo saluda al recién llegado invitándolo a sentarse. Tras pasarle una botella de cerveza, todos se acomodan tranquilos y continúan su juego.
Pocos clientes los interrumpen, haciendo que lleguen las cinco sin que apenas se den cuenta. El sol ya está bajándose y el cielo se tiñe de naranja, con los pocos vientos traídos del oeste. La llanura sigue tan cálida y tranquila como siempre, con su silencio hipnotizador, mostrando las nubes cómo portales al cielo que se mueven con lentitud, mucha lentitud. Los primeros animales nocturnos se arrastran por la tierra siendo atraídos por la luz del pueblo, o repudiados por ella.
El cesto de basura se ha llenado de botellas vacías pero todos siguen en sus cabales. Las conversaciones giran alrededor de los trabajos de cada quién, con comentarios al azar o chistes inoportunos. Una simple pregunta inicia todo:
‒ ¿Supieron lo del hijo de los Palacios? ‒Pregunta Gabriel
‒Sí ¿qué habrá pasado?
‒ ¿De qué hablan? ‒Pregunta Nelson.
‒El chico desapareció hace tres días, al parecer se iba solo a casa después del colegio. Salió y no se le volvió a ver. Los Palacios están desesperados buscándolo
‒Y no es para menos ‒Añade Rossi ‒ es su único hijo. Lo vi un par de veces por aquí, le gustaban las estampillas coleccionables, sobre todo las de béisbol. No dejaba que su padre se fuera sin comprarle al menos un par de ellas.
‒Tal vez por eso no lo traían mucho por aquí.
‒Puede ser
‒ ¿Pero aún no han sabido nada de su paradero?
‒Para nada ‒ Responde Ricardo‒. Sé que han registrado todo el pueblo pero el chico se esfumó.
‒Tal vez se perdió en la llanura ‒ Aventura Nelson
‒Tal vez… Si no lo encuentran hoy, supongo que organizaran algún escuadrón de búsqueda. No puede estar en cualquier otro lado
‒A lo mejor el niño se escapó con alguna amiguita ‒Ríe Gabriel.
‒ ¡Gabriel, por favor! Tiene sólo doce años ‒ le reprende Rossi ‒.Algo más tuvo que haber pasado, tal vez cometió alguna travesura y se está escondiendo en casa de algún compañerito
‒En ese caso, vaya bromista la que está haciendo. Si no lo encuentran muerto, lo matarán.
‒ ¡Gabriel!
Todos ríen sin prestar mucha atención y siguen las conversación; todos menos Autor, quién observa la llanura sin decir comentario.
‒Sea lo que sea que haya pasado, me da pena con los Palacios. Siempre que venían a la tienda se les veía muy apegado al chico. Ojala lo encuentren pronto.         
‒Pero ya, en serio ¿qué creen que pudo haber pasado? ‒ Dice Nelson
‒ ¿Quién sabe?
 ‒No pudo simplemente desaparecer o volverse aire
Todos guardan silencio.
‒A mí me parece bastante obvio ‒dice Autor participando por primera vez ‒ si el chico no se fue por su cuenta, solo pudo haber pasado algo.
‒ ¿Qué?
‒Alguien se lo llevó en contra de su voluntad.

Nadie dice nada, tal vez por no saber si comentar un chiste o no. La conversación había cambiado de tono y el ambiente comenzaba a enfriarse por algo más que un gélido viento.
‒Dios no lo quiera Autor ‒dice la señora.
‒Es la única explicación Rossi. Todos conocían al pequeño Ángel, jamás se iría por su cuenta. Era un muchacho tranquilo, tan responsable que le dejaban irse solo a casa. Si es así, ¿Dónde está y por qué no llegó con su familia?
‒Tal vez sufrió un accidente.
‒Imposible. En Guares siempre nos enteramos de todo, hasta el más pequeño accidente es comentado, y ustedes lo saben. Es una posibilidad, claro, pero es bastante raro que de ser ese el caso, nadie dijera nada.
‒Pero lo que tú sugieres, Autor ‒dice Ricardo ‒ es que alguien se llevó. ¿Quién haría eso?
‒No lo sé, pero creo que la verdadera pregunta es ¿por qué?
‒ ¿Por qué?
‒Sí, "¿Por qué?", piénsenlo: La familia Palacios es una familia pequeña y tranquila, nunca he escuchado que lastimarán a nadie, al contrario, son los primeros en ofrecerse a ayudar cuando surge algún problema. Es casi imposible qué pueda haber alguien que tenga algo en contra de ellos. Ambos nacieron y se criaron aquí. Él es un vendedor y ella ama de casa. Son personas honradas, eso le resta posibilidad a que se hayan metido con las personas equivocadas. Son una familia normal en uno de los pueblos más tranquilos del país. No existe razón alguna para que alguien quisiera lastimarlos.
‒Entonces nadie se llevó a su hijo ¿no? - Pregunta Gabriel.
‒Aún existe otra posibilidad.
‒ ¿Cuál?
‒Qué quien lo hiciera, lo hizo por puro placer.
El sol moría tras el horizonte con la luna mostrándose triunfante. Las primeras estrellas hacían acto de presencia y las nubes se perdían en la oscuridad. Los grillos cantaban al ritmo de la noche y rompían el silencio, pues en aquél patio nadie decía nada mientras Autor los miraba a todos uno por uno.
‒Eso es precisamente lo qué me preocupa. Hay muchas cosas que mueven a un hombre: El dinero, el amor, el miedo, la codicia, entre otras; pero una de las más poderosas es la pasión. La pasión puede hacer que un hombre se olvide de todas las reglas establecidas, que escale montañas y cruce mares para conseguir eso que tanto anhela. A un hombre codicioso se le puede persuadir, a un hombre con miedo se le puede ayudar, pero un hombre con pasión es impredecible. Se mueven bajo su propia ley sin que nadie les pueda parar mientras esa llama arda en su pecho. Es un poder que muy pocos hombres poseen y muchos envidian. Si la pasión de un hombre es el secuestro de un niño, podemos estar en presencia del peor de los males. Alguien insaciable que se divierte con lo que consideramos una monstruosidad. No sé ustedes, pero yo tengo miedo y espero estar equivocado; porqué si estoy en lo correcto, y hay un hombre suelto con deseos de niños, les puedo asegurar una cosa: Habrá más desapariciones.
El silencio reina con la llegada de la noche, con aquél grupo de civiles aterrorizados por una idea. Antes de poder decir nada, la campanilla suena anunciando el último cliente.

‒‒‒

Como habrán visto, esta vez fue un capitulo ligero. Algo así como una introducción para poder presentarles el pueblo. Si les gusto Compartan la publicación; síganme en mis redes sociales: Facebook  y Twitter. ¿Quieren saber qué pasa con Ángel? ¿Está Autor en lo cierto? ¿Quieren que continúe la historia? Háganmelo con sus críticas y opiniones en los comentarios.
¡Gracias por leer!


6 comentarios:

  1. Me ha encantado así que síííí sin duda enséñanos la continuación :) Me sigue encantado como escribes en serio, me tele-transportas :)
    Un beso y nos leemos :D

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    1. Que bueno que te guste :3 Este capitulo me preocupaba debido a lo ligero que es. Gracias por leer! un saludo :3

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  2. Yo tengo mi teoria pero no la dire por tal vez hechar a perder el chiste... Esto va para libro XD

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  3. Andaba atrasada y no había leido esta ni la continuación, allá voy!

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  4. Mmm... Tengo mis sospechas, tal vez sea porque como ya nos contaste la parte "perturbadora" ahora sospecho de todos XD
    Excelente!!!

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